miércoles, 2 de enero de 2008

Apuntes del reporteo del alma, el ego y otras delicias

HACE 20 AÑOS (una poetisa que sale del clóset)
San Salvador.- Inevitables, los recuentos de diciembre tienen siempre el formato de una retrospectiva iniciada en la última impresión del año por terminar. Y cargan esa carga personal de los balances íntimos: la mejor batalla desde la butaca de nuestra historia, el personaje más querido o menos reprochable, la noticia importante según alguna definición de trascendencia, los pendientes eternos, el sello distintivo del calendario a punto de archivarse o morir en la basura, el libro justo porque nos dio el significado necesario…

Desde tales ventanas quería platicar en voz alta para este último sábado del 2007. Lo único definitivo eran las citas ya subrayadas de La hermana, la novela de Sándor Márai tan paradójicamente aliviadora del dolor físico y del alma sobre el cual desata su trama y sus lecciones. Pero se impuso la retrospectiva de los detalles íntimos, la vida con sus regalos inevitablemente publicables.

Porque en este compás navideño de regreso a mi patria original, El Salvador, donde nací y viví hasta los 13 años, me encuentro con la generosidad de mis padres Candelaria Navas y Luis Melgar que desempolvaron los textos tecleados hace 20 años todavía en una máquina Oliveti. Eran tiempos de guerra aquí y de transiciones ciudadanas en México y, recién egresada de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM , iba y venía para armar la tesis de licenciatura en un intento de reportaje alrededor del enfrentamiento armado y sus secuelas sociales. En medio de las cuartillas de aquel trabajo universitario, se fraguaron los versos entonces premiados por un certamen salvadoreño de poesía.

Y ahí quedó el intento literario muy pronto sofocado por la voracidad cotidiana del periodismo, aunque a veces reincidente en medio de momentos de irremediable intensidad --como ocurre con las vocaciones paralelas, ocultas o frustradas.

Ignoro si el afán permanente por la palabra escrita en recados, así sean de teléfono celular, a través de conversaciones en el MSN, cartas, tarjetas de aniversario o mensajes de registro sea parte de una vocación paralela, oculta o frustrada. Lo cierto es que en el recuento del año pesa esta personal y última semana en la que he tenido que “salir del closet” y acudir, en calidad de aspirante al apelativo de autora de poemas, a la presentación de mi libro regalo titulado Si yo fuera varón, bajo la edición de mis padres. Su recepción, infitinamente generosa entre mis compatriotas que me aceptan en esta doble nacionalidad de mexicana-salvadoreña, y en esta doble militancia de reportera-compone versos, ha sido una sorpresa feliz y no puedo evitarme la licencia de nuestro espacio de diálogo para compartir este retrovisor de textos confeccionados entre 1986 y 1988.

Dios te salve de mí

Dios te salve de mí
que no tengo la gracia
ni el perfecto gemir entrecortado del suspiro
que tienen las muchachas tristes
hechas de soledad para frotar la piel de la tragedia.

Dios te salve de mí
que no venero a Sísifo
y amo la poesía de Rosario
pero odio su torpeza en el suicidio.

Dios te salve de mí
que no tengo descanso
para buscar tu nombre
en los suburbios improvisados de la noche
y repaso boleros como decir consignas
--como rezar a ciegas padrenuestros—
antes de echar el último vistazo
sobre el foco amarillo de mi cuarto

Dios te salve de mí
que sueño caracoles
y túneles secretos entre San Salvador y Garibaldi
para llegar a ti bajo rumores
en sábanas de sal y abrazos de silencio.

Dios te salve de mí
que creo en el horóscopo
y le juego a la grande cada viernes
y decido mi sueño en los semáforos
cuando espero la luz de tu recuerdo.

Dios te salve de mí
si acaso llega a desatarme el nudo
si no me olvida con este amor a cuestas
si me convence de no tejer la espera
si mañana me absuelve la condena
de beberte el sosiego
sin salvación posible.


Si yo fuera varón (fragmento)

Si yo fuera varón
no andaría gritando mis certezas
me estaría negado este galope
y el tono exagerado
y la sonrisa de la complacencia
y la elección de amar al más odiado
y el dudoso placer de meterse despacio en las venas del otro
(sin pedirle permiso, casi de contrabando)

Si yo fuera varón, estoy segura,
tendría que callarme estas palabras
y estaría prohibido decir tu nombre a gatas
llorar porque te quiero
sería un sacrilegio mi memoria
y estaría sin mí, tu plenitud de hombre.

Bebiendo la nostalgia del cobarde


Mis amigas provienen de la raíz medicinal del beso
y se fecundan a la luz divina del escándalo
tienen amantes escondidos en toda la metrópoli
beben tequila como polvo embrujado
sacan de los escombros terrenales
el verso cancerígeno que las conduce al cielo.

Mis amigas devoran la nostalgia maldita del cobarde
y toman del suicida la elección por asalto.

Mis amigas padecen de zozobra continua
pero van por la vida regalando certezas
Les preocupa el amor
mientras hacen café para el desvelo
Les anida el amor
cuando despiertan húmedas
despeinadas del sol
hechas de vanidad
para moldear el día a sus reclamos.

Mis amigas no tienen comparación con nadie
son la excepción de Dios
el a pesar de todo
un sin embargo que procura el renglón de la esperanza.

El adiós

Quiero desempolvar el primer beso
y ametrallar con su humedad
de barro fértil
el muro calcinado
de tu última palabra.

La excepción

En todas las cosas de la vida
echando a perder se aprende
En el amor…
amando se aprende a perder.


(parte de este texto fue publicado en la columna sabatina del periódico excélsior Retrovisor)

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